El control de la videovigilancia privada es difícil porque no está regulada por ley.
¿Qué puede hacer una persona que vive en una gran ciudad para esquivar los ojos que todo lo ven? La proliferación de cámaras de videovigilancia, principalmente en el ámbito privado, han convertido las calles, negocios, medios de transporte, instituciones, locales públicos y lugares de ocio en un gran plató donde todo queda grabado. Evitar ser «cazado» por esos objetivos resulta prácticamente imposible y la batalla podría decirse que está perdida, pues ninguna ley regula el funcionamiento de esas cámaras particulares.
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