La Agencia de Protección de Datos expedienta al Ayuntamiento por instalar cámaras de vigilancia de forma irregular. La ley permite que empresas o particulares las coloquen sin pedir permiso.
Un paseo por O Parrote, un café en la plaza de María Pita, salir de copas por el Orzán o escapar del bullicio de la ciudad a bordo de su coche con la música a tope, rumbo al puente de A Pasaxe … Cualquier escena de su vida, por irrelevante que le parezca, puede haber sido captada por los cientos de cámaras que hay diseminadas por A Coruña. Los ojos del Gran Hermano vigilan desde cada esquina los pasos que miles de coruñeses dan, confiados en su anonimato, amparados por una libertad que no existe tal y como se la concibe. Hasta los turistas que llegan a la ciudad en coche, tren o autobús pueden ser seguidos por las videocámaras desde el momento en que enfilan Lavedra o se apean en cualquiera de las dos estaciones hasta que llegan a sus destinos, a una casa o un hotel sin vigilancia de las zonas privadas.
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