Son malos tiempos para la seguridad informática, si al oír las palabras «ataque informático en Irán» nos preguntamos si es cuestión de una guerra cibernética entre Gobiernos, de campañas hacktivistas en defensa de los derechos civiles, de delincuencia común o de un Gobierno autoritario.
En este caso parece que es al último a quién tenemos que echarle la culpa, en un golpe más que notable: unas 300.000 direcciones IP iraníes fueron espiadas por una o varias personas, que antes habían robado certificados de seguridad de una firma holandesa.
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