Las empresas buscan acabar con la divulgación de datos internos o información crítica en Internet.
Un alto directivo compra una película porno en una web. El hecho, así descrito, entra dentro de la esfera privada del comprador. El problema es que el ejecutivo dio la dirección de correo electrónico de la compañía. Y no contento con eso, en el foro de clientes puso una opinión sobre la calidad de la cinta, también con el e-mail corporativo. Por suerte para la empresa, unos vigilantes digitales lo detectaron y deshicieron el embarazoso entuerto.
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